Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu

Es curioso lo que pasa con algunos libros. Uno se tira meses buscando un título, sin éxito, por las librerías de su ciudad. Cuando ya casi se ha olvidado, en un viaje, el ávido lector entra al quiosco de una estación a por cualquier cosa que llevarse a los ojos. Y, como la botella de un náufrago, allí aparece, de repente, el libro deseado.

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