A perfect day

No recuerdo el primer día que escuché una canción de Lou Reed. Imagino que, como casi todo el mundo, se trataría del ‘Walk on the wild side’, eso casi seguro.

Just a perfect day, drink Sangria in the park
And then later when it gets dark, we go home

Sí recuerdo perfectamente la primera y única vez que lo vi en directo: de riguroso negro, recordando casi a un sacerdote por su aspecto y por el respeto que inspiró desde el primer momento.

Just a perfect day, feed animals in the zoo
Then later a movie, too, and then home

Eran en 2003, en Salamanca, y aquel concierto comenzó con el clásico ‘Sweet Jane’. Durante el concierto alternó las canciones de su último disco, ‘The Raven’, ese homenaje a Poe, con sus grandes clásicos.

Oh, it’s such a perfect day, I’m glad I spend it with you
Oh, such a perfect day, you just keep me hanging on
You just keep me hanging on

Dos elementos llamaron mi atención de ese concierto: por un lado un asiático que acompañaba la música con movimientos de artes marciales. Después me enteré de que era el maestro de Lou Reed. El otro elemento fue un tipo raro (no existe mejor adjetivo para definirlo) con una voz peculiar (y es quedarse corto) que hacía coros a Lou Reed. Teimpo después descubriría que ese tipo raro no era otro que Antony Hegarty, de Antony and the Johnsons.

Just a perfect day, problems all left alone
Weekenders on our own, it’s such fun

No sé exactamente cuánto duró el concierto, pero me parece que duró poco más de una hora. O quizá es que estaba tan ensimismado que se me pasó el tiempo volando. Sí recuerdo que no cantó el ‘Walk on the wild side’ y que en el bis nos regaló una de sus canciones que más me gustan (a mí y a media humanidad, como mínimo): el ‘Perfect Day’. Y así, con una canción, consiguió que aquel día, del cual no recuerdo absolutamente nada más, se convirtiese en un día especial, un día perfecto.

Just a perfect day, you made me forget myself
I thought I was someone else, someone good

El pasado domingo me enteraba del fallecimiento de Lou Reed. Y me acordé de ese día y de aquel concierto. De la extraña voz de Antony y del chino que hacía artes marciales. Del tipo al que le compré una camiseta a la salida, chapurreando inglés (yo) y español (él). De Paco Jiménez, cerebro y corazón de ese programa clásico de las ondas (y ahora los bits) salmantinas que es Tres Acordes, diciéndome “paga lo que sea por esa camiseta”. Porque ambos sabíamos que estábamos ante un ARTISTA y que lo que acabábamos de presenciar era, sencillamente, épico e irrepetible. Perfecto.

Oh, it’s such a perfect day, I’m glad I spent it with you
Oh, such a perfect day, you just keep me hanging on
You just keep me hanging on

Se fue Lou Reed, un gran artista. Nos queda su música, su arte. Y queda también el reconocimiento a quien es un nombre de referencia en el rock, en la música, en la vida.

You’re going to reap just what you sow

Foto: Hello Turkey Toe

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