Adiós, Tony

Se llamaba James Gandolfini, pero todos lo llamábamos Tony.

No voy a dármelas de entendido, reconozco que hasta la llegada de ‘Los Soprano‘, jamás había reparado en este actor que falleció este miércoles en Roma a los 51 años. Quizá vi a James Gandolfini en alguna película, no digo que no, pero hasta la llegada de esta fantástica serie de la HBO nunca me había fijado en él.

Sin embargo, desde el primer momento que lo vi como su alter ego de Tony, ese mafioso con problemas de ansiedad producidos por sus dos familias (la real y la mafiosa), me cautivó. Fue uno de esos momentos en los que te dices a ti mismo “¿pero dónde ha estado metido este tipo todo este tiempo? ¡Si es buenísimo!”.

Y, con el tiempo, nos enganchamos a Tony. Sí, era un mal tipo, egoísta y despiadado, pero en el fondo tenía buen corazón. O eso queríamos creer. Que, en otras circunstancias, podríamos haber sido amigos de Tony (aunque probablemente acabaríamos bajo tierra, claro). James Gandolfini fue la persona que hizo esto posible, que nos invitó a creer en Tony hasta el punto de considerarlo un buen tipo. Ésa es la magia de la actuación.

Siempre he pensado que un buen personaje debe beber algo del actor que lo interpreta. Que, en cierto modo, algo de la persona se transmite al personaje. Quizá por eso Tony Soprano nos encandiló. Quizá, ese buen corazón que sospechábamos que poseía Tony no era otro que el de James. Un corazón que dejó de latir el pasado miércoles en Roma.

El Bada Bing! está de luto.

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