Soul lag

He cambiado los árboles por piedras. Y, como no podía ser de otro modo, recorrer más de 17.000 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta acarrea ciertas consecuencias.

En algún sitio leí que el problema de los viajes en la actualidad es que son demasiado rápidos. Tanto que, cuando nuestro cuerpo llega a su destino, nuestra alma todavía esta retrasada, en pleno viaje. Y que tarda unos días en llegar hasta nuestro cuerpo. De este modo, durante esos días vivimos desalmados, sin esencia, sin espíritu.

No sé si es mi caso, pero desde luego mi regreso de Australia algo de esto tiene. Es muy extraño experimentar unas diferencias tan grandes. No hablo solo de los horarios y demás consecuencias de los viajes, me refiero a un cambio tan brutal en el paisaje, en lo que ves a diario. En la gente, en su forma de ser, en su ánimo. Y en la dinámica vital, en la forma de encarar la vida. En Australia he podido experimentar una calidez, un buen humor y un optimismo radiante que hace muy difícil volver a adaptarse a este pesimismo, estos malos modos, esta gente que te roza por la calle y ni se gira, sigue caminando como si tal cosa.

O quizá todo esto no es más que un simple caso de “soul lag”. Que, en unos días, mi alma llegará a su destino, que es mi cuerpo, y juntos abandonaremos esta sensación de pasar del color al blanco y negro.

Y, si no, siempre nos quedará Australia… Muy en el fondo, algunas cosas son tremendamente simples.

5 comentarios en “Soul lag

  1. Alberto, creo que desde que te escribo este es el post más bonito, el que más me ha gustado y el que contradictoriamente tiene más alma!

    • Muchas gracias, Carmen. He de reconocer que me daba reparo, porque tenía la sensación de estar saliéndome del tiesto hablando de algo tan personal, pero es que me apetecía mucho. Y, en parte, creo que sí que he dejado un poquito de alma al escribirlo (de ahí quizá tu sensación). Debe ser que ya está llegando. A ver si le preparo algo para darle la bienvenida 😉
      Muchas gracias por tus palabras

  2. bizcochodechocolate

    Quería decir desde que te leo 🙂

  3. Sé exactamente a qué te refieres. A mi me pasó lo mismo la primera vez que volví de Brasil, después de seis meses fuera de casa. En la misma Barajas sufrí un shock brutal, que me dejó temblando una semana. Fue como haber vivido en un lugar cálido y soleado, lleno de cielos azules y sonrisas de bienvenida y de pronto parpadear y descubrir que está lloviendo y que la recepcionista que te atiende se ha levantado con dos pies izquierdos… Si te sirve de consuelo, se pasa. No sé si cuando el alma alcanza tu cuerpo o cuando te re-acostumbras a las hostilidades. Pero se pasa. Ánimo!

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