En las ciudades pequeñas

Le gusta su trabajo y estoy convencido de que se esfuerza a diario para hacerlo lo mejor posible. Pero, como suele pasar en las ciudades pequeñas, nos conocemos todos.

Y en su caso particular sé de buena tinta que no habría podido estar donde está, ni trabajar con más o menos éxito en lo que le gusta de no ser por la ayuda de sus padres, quienes no solo le patrocinaron la aventura sino que, gracias a su posición y a su red de contactos, se aseguraron, como suelen decir en las ciudades pequeñas, de que al chaval “no le faltase de ná”.

En cualquier caso, como digo, al menos se esfuerza en lo que hace y probablemente hasta sea bueno. Que ya es algo.

Pero, como suele pasar en las ciudades pequeñas, coincidimos una tarde en una barra de bar. Él, con sus amistades; yo, con las mías. Un saludo informal, que tampoco nos conocemos tanto, y cada uno a lo suyo, prácticamente espalda con espalda.

Y en esa situación, uno que tiende a estar atento a lo que suena a su alrededor, escucha su incendiaria soflama. “Son todos unos vagos”, “ya me gustaría a mí verlos trabajando en una empresa privada, no duraría ni un día”, “la mitad de ellos no saben ni hacer la ‘O’ con un canuto”… Esas bonitas frases con las que nos suelen regalar los oídos a los empleados públicos (recordemos, por cierto, que todos los funcionarios son empleados públicos pero no todos los empleados públicos son funcionarios).

En ese contexto, claro, le entran a uno ganas de darse la vuelta y, con la frase inicial “perdona, pero no he podido evitar escuchar lo que estabas diciendo” desgranar uno por uno los muchos mitos y leyendas sobre los empleados públicos y explicar la situación real de muchos de ellos. Que no es, ni mucho menos, tan boyante como algunos parece que nos quieren hacer creer. Y, ya de paso, comentarle que, a pesar de que su éxito se debe en gran parte a los contactos de su familia, jamás se me ocurriría desprestigiar su trabajo.

Sin embargo, decidí ignorarlo y seguir a lo mío. Porque, como suele pasar en las ciudades pequeñas, algunas personas son intocables, hagan lo que hagan y digan lo que digan.

Un comentario en “En las ciudades pequeñas

  1. Díme quién es el que más sabe sobre el esfuerzo ajeno y te diré a quién no le ha costado conseguir su futuro…

    ¡Dónde estás justicia poética!

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