Vigila tus pasos

Retomo (o al menos lo intento) las publicaciones en este diario mío de obsesiones (y dentro de poco de manías) con algo que me ha pasado esta mañana.

Confieso que tiendo a ser un caminante distraído: a veces en mis pensamientos, otras, en lo que voy viendo/fotografiando por la calle, y también, lo confieso, tuiteando (y recuerdo desde aquí a quienes han apoyado ese necesario #carriltwitterYA, je, je).

Pero esta mañana, curiosamente, no era el caso. Salía de la Plaza Mayor cuando un camión de reparto ha estado a centímetros de estamparme en su monumental (y duro) suelo, de tal manera que incluso a unas guiris que pasaban por allí se les escapó un grito, temiendo lo peor.

El fulano, porque no tiene otro nombre, no solo no paró para pedir disculpas y, quizá, excusarse por lo difícil que resulta maniobrar con el trabajo de montaje de las instalaciones para una feria que tendrá lugar próximamente en la plaza, no. Con la misma velocidad que traía (alta para ser un espacio peatonal) y haciendo visibles aspavientos de queja, siguió sin inmutarse.

Por suerte, todo quedó ahí. Y, aunque esta anécdota, que por suerte se quedó solo en eso, se debe principalmente a la irresponsabilidad de un tipo asilvestrado, sí que es cierto que, a ciertas horas, caminar por una ciudad que se enrogullece de ser destino turístico ideal para quien guste de tranquilos paseos por entornos monumentales es todo un riesgo.

La imagen que ilustra esta entrada fue tomada esta mañana, sobre las 10:00, en la Rúa, una de las calles más céntricas de Salamanca, muy próxima a la monumental Plaza Mayor.

sorteando los vehículosComo se puede ver, caminar por una calle así en ningún momento se puede considerar un tranquilo paseo. Más bien al contrario, quien se relaje demasiado en su camino puede verse en la peligrosa trayectoria de un vehículo, pendiente del juicio de un conductor que, como me pasó a mí esta mañana, puede ser una bestia parda.

Y aquí viene la paradoja de todo este asunto: que, al menos en mi ciudad, es más arriesgado caminar por una calle peatonal que por una que no lo sea, porque en ésta, en principio, uno siempre estará seguro si va por la acera.

Quizá, entonces, podría ser una buena idea que ciertas calles peatonales dejasen de serlo… Pero entonces, ¿dónde pondrían sus lucrativas terrazas los bares y restaurantes que pueblan estas calles?

Más allá de la mala leche (culpad al conductor del camión, no a mí), aquí sí que va una buen consejo: dado que los repartidores no parece que estén por la labor de aportar su granito de arena a la convivencia entre todos los usuarios de la vía pública, se podría restringir más su uso, dejándolo en horas en las que, en principio, no debiera haber tantos peatones.

Hasta entonces, vigila tus pasos.

9 comentarios en “Vigila tus pasos

  1. A mí cada vez me dan más miedo los coches y autobuses. Hay que ir con mil ojos. Cuando crees que te han visto y te pones a cruzar por un paso de cebra, te llevas un susto… A algunos, como el del camión que cuentas, yo los metía en la cárcel…

  2. No me dés estos sustos…
    Si estoy delante le meto una hosti* a la carrocería que se le despega el logo de la pintura…ya me conoces. No hubiera parado hasta que el desgraciado me oyese y felíz sería si se bajase y “dialogase” conmigo…estas cosas son las que me encienden y mucho. espero que el karma exista y le caiga una buena y agudísima patada en los co*ones!

    Y por favor, aunque no fue tu culpa…deja el twitteo para cuando estés tranquilamente sentado en algún lado o de pie quietecito muuuuy lejos de la calzada!

    ED!!

  3. Ya no respetan nada… y los pasos de cebra? Buen retorno, pero vigila tus pasos

    • Ahora, a ver si consigo mantener el ritmo. Esto es peor que el deporte 😉 Gracias por el empujón

  4. Doy la gracias a ese cavernícola / acémila por haberte hecho escribir…. se te lee muy de seguido y muy a gusto. Al fin y al cabo todo son impulsos, ¿no?
    Gracias por tu palabras en mi blog, ya sabe ud. que significan mucho para mí, y para el esfuerzo mental que esta pobre cabeza de vez en cuando saca a relucir.

    • Le leo prácticamente todas las entradas, pero no suelo tener tiempo o cabeza para dejar unas líneas. Como ve usted, esta vez me obligué a mí mismo. Era lo mínimo. Gracias por esas palabras de ánimo que tanto valoro

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