Amy

Descubrí a Amy Winehouse hace algunos años, sería más o menos a principios de 2004, con ese maravilloso disco que es ‘Frank’. La descubrí con el single ‘Stronger than me’, después de que alguien me recomendara escuchar a esa chica británica de apenas veinte años que cantaba como las grandes divas del jazz.

Cuando uno escucha o lee una frase así, tiene a desconfiar, al menos yo lo hago. A regañadientes, hice caso. Y amigo, qué sorpresa. Eso no podía ser verdad. Esa chica no podía ser británica, ni blanca, ni mucho menos tener veinte años recién cumplidos.

Pero así era, y aquella chavala no solo tenía una increíble voz y una presencia considerable. Tenía desparpajo, soltura… Tenía lo que muy pocos artistas del soul consiguen tener. Ese algo especial, esa magia negra… Ella lo tenía. Ella era rematadamente ‘cool’, tan ‘cool’, que podía mezclar sonidos del jazz con ritmos del hip hop y, sin embargo, mantener un halo de clasicismo, de ‘vieja escuela’, que dirían los entendidos.

Su voz te atrapaba como solo las grandes voces consiguen atraparte.

Luego vino el éxito y todo el ‘fenómeno Amy Winehouse’: los escándalos, las clínicas, los juicios, las portadas… Tristemente, fue quizá también el mayor momento de fama, que los ejecutivos, con ese instinto para oler las ventas como los tiburones la sangre, aprovecharon para sacar un disco mucho mejor producido y con una mayor promoción: ‘Back to Black‘, hasta la fecha, y hasta que se hinchen a publicar recopilatorios, inéditos y caras B (aunque de estos ya hay algunos), el último trabajo de Amy Winehouse.

Para muchos, ‘Back to Black’ es el gran disco de Amy Winehouse. A mí permítanme quedarme con el mucho más pequeño, de menores aspiraciones, ‘Frank‘. Un disco supuestamente dedicado a su (nuestro) adorado Frank Sinatra, al que imagino escuchando a una jovencísima Amy de apenas trece años, poco después de recibir su primera guitarra. Del que algo hay en el álbum, sin duda.

Veo el videoclip de ‘Stronger than me’ y cuesta imaginar que esa chica simpática, atractiva y rebosante de vida haya acabado como acabó ayer: otra triste muñeca rota, poseída por las drogas, los excesos y la autodestrucción. Unas maldiciones, no me cabe duda, alimentadas o al menos permitidas por un círculo de gente que, ayer, seguramente se frotaba las manos. Cuando las cámaras no estaban mirando, claro, que hay que mantener el duelo.

Leo en el muy recomendable ‘1001 discos que hay que escuchar antes de morir’, en la crítica del disco ‘Frank’ de David Crawford:

Amy Winehouse es un talento emocionante. Solo podemos esperar que disfrute de la misma longevidad que sus heroínas del jazz.

Qué acertado. Y qué tristemente profético.

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