Izquierda, izquierda, derecha, derecha…

Si fuiste, como yo, niño en la década de los 80, sin duda tuviste que bailar ‘La Yenka’ en un montón de cumpleaños. ¿Te acuerdas? Izquierda, izquierda, derecha, derecha…

Eran los años en los que los padres torturaban nuestras neuronas a medio hacer con los grandes éxitos de Enrique y Ana, entre los que estaba la dichosa Yenka, y que imagino que nos ponían una y otra vez contentos por poder facilitarnos una diversión tan inocente, tan neutra, tan de buen rollito y de padre enrollado. Imagino el terror en los ojos de muchos padres cuando empezaron a ver las intervenciones de Enrique del Pozo en ‘Crónicas Marcianas’. Como pensando “este energúmeno no puede ser aquel jovenzuelo dicharachero y educado”.

Ahora que ha pasado el tiempo y que ya no tengo que ser educado con los padres de mis amigos como me repetían mis padres antes de cada fiesta (“come lo que te pongan, no rompas nada, etc.”) puedo decirlo claramente: odiaba a Enrique y Ana. Y, muy especialmente, odiaba ‘La Yenka’. Porque era una canción que no tenía ningún sentido (al menos ‘Amigo Félix’ me parecía que transmitía un mensaje), porque todo el mundo se volvía loco cuando sonaba y porque la maldita canción se metía en tu cabeza y su soniquete te acompañaba ya para lo que quedaba de tarde.

Tras lo que ha pasado hoy en Extremadura, no tuve más remedio que acordarme de ‘La Yenka’ otra vez. Porque las opiniones que escucho son tan machaconas como aquella canción y su mensaje no es muy distinto: izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás…

En un lado, el PSOE, cuyo enojo es comprensible, pero  en el que todavía no ha surgido ni una sola voz con el suficiente arrojo para preguntarse “qué demonios hemos hecho mal en Extremadura para que un partido como Izquierda Unida prefiera un gobierno del Partido Popular”. No, en vez de una productiva (y a la vista está que necesaria) reflexión, se cae en el maniqueísmo de “ellos y nosotros”, del “o estás conmigo o estás en mi contra”. “Izquierda, izquierda…”

En el otro lado, el Partido Popular se acoge al valor de la democracia y de la “opción más votada” (a pesar de que en otras comunidades se ignore este ahora valiosísimo principio), pasando por el alto el velado apoyo de un partido que, cuando no ha vilipendiado, lo ha denostado y acusado de actitudes, en el mejor de los casos, demasiado utópicas. Y haciéndose con un gobierno autonómico en el que la patente debilidad de “gobernar por abstención” muy probablemente repercuta en una escasa efectividad. “Derecha, derecha…”

Y, a todo esto, a los ciudadanos, nos toca bailar al son de la música, y ya sabéis lo que toca: “delante, detrás…”

Lo dicho, que todo esto de la fiesta de la democracia cada vez me recuerda más a las fiestas de cumpleaños de cuando éramos pequeños. Que alguien me pase unos panchitos y una fanta de naranja, por favor. Esto hay que celebrarlo.

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