La irresistible atracción del lado oscuro

Me encantan las series en las que los buenos son malos y viceversa. Esas series en las que ves, pongamos, a un Tony Soprano que miente, engaña, roba y asesina pero, a pesar de todo ello, no quieres que lo pillen. Quieres que se salga con la suya.

La serie que os presento hoy es un caso muy similar y creo poder decir sin temor a equivocarme que está a la altura de la grandiosa serie de la HBO. Debería haber hablado de ella antes, y es un delito que no lo haya hecho, porque no sólo es una de mis series favoritas, sino que además creo objetivamente que es una de las mejores series de televisión que se han hecho últimamente.

The Shield

‘The Shield’, emitida en FX Networks entre 2002 y 2008, es una idea de Shawn Ryan (creador de ‘The Unit’ y productor de lo que promete ser una pequeña joya: ‘Terriers’) y su argumento, en principio, no parece muy sorprendente: otra historia más de policías en un barrio conflictivo de la California que no sale en las guías turísticas. Y no estaría desencaminada esa idea, de no ser por la presencia en esta comisaría de un grupo de asalto comandado por Vic Mackey (Michael Chiklis), auténtico motor de la trama de la serie.

Mackey y sus chicos tienen unos métodos bastante particulares. Lo más fácil sería encasillarlos como ‘policías sucios’ pero esta descripción resulta vaga e insuficiente. Porque los métodos (iba a escribir “poco ortodoxos”, pero eso sería quedarse corto) del Vic y los demás miembros del grupo de asalto son tan válidos para apropiarse del dinero de unos mafiosos como para salvar vidas. Por decirlo de otro modo, son los polis a los que uno le gustaría encontrase si se hubiese sido víctima de un delito, pero que no querría ver ni en pintura si se fuese un criminal.

Y aquí encontramos lo mejor de la serie: esa dualidad entre héroe y villano de la que hace gala Vic Mackey, un poli capaz de lo mejor y, a renglón seguido, de lo peor, inmerso en un ambiente donde nadie es ni bueno ni malo del todo y donde el gris es el único color realmente visible más allá del rojo de la sangre.

Vic Mackey en acción

Visualmente, la serie se recrea en una baja calidad vritual: mucha cámara en hombro, iluminación pobre, colores apagados… Todo ello pensado, no me cabe duda, para dar una mayor sensación de verosimilitud, sugiriendo la idea de falso documental y acercando las pequeñas historias de los detectives y oficiales de policía del inventado distrito multiétnico de Farmington hasta los espectadores de tal modo que, seguramente, pueda llegar a confundirse la imagen de la pequeña pantalla con imagen real y los personajes que en ella se muestran con personas de carne y hueso. Con todas sus virtudes y, cómo no, con todos sus defectos.

portada (más que ilustrativa) del dvd de la quinta temporada

Si a toda la complejidad de una historia brutal le sumamos un manejo de la tensión narrativa digna de admirar y una trama que no deja un momento para respirar, tenemos una serie impresionante. Pero es que, además, la brillantez de la serie se adereza con un reparto fabulosamente correcto que proporciona unos secundarios a la altura.

Todo ellos ofrece una historia única, narrada en seis temporadas como si de una película se tratase, en la que cada episodio, cada acto, es un palada más para la tumba de uno de los mejores  y más complejos antihéroes (con permiso de Tony Soprano, Dexter Morgan y Jack Bauer, claro) que ha conocido recientemente la televisión: Vic Mackey.

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