La revancha será televisada

Algo está pasando últimamente. Y no hablo de la tele únicamente, sino a nivel general, en la sociedad. Sólo así se explica el número de series que se lanzan últimamente centradas en una cierta idea de equilibrio social, cuando no están protagonizadas por personajes claramente inadaptados.

Cierto es que la televisión siempre tuvo querencia por los personajes en la línea de Robin Hood (al que pronto veremos en las carnes de Russel Crowe), pero últimamente los argumentos de las series, por alguna extraña razón (o porque la crisis ha sacado entre los espectadores nuestra vena más revanchista, sobre todo con los ricos y poderosos), han viajado desde las historias protagonizadas por gente VIP hacia un particular sentido de la justicia social en el que, prácticamente, vale todo para conseguir los fines.

He querido repasar algunas de estas historias que han llamado mi atención. No quiere decir que sean las mejores series del momento (eso lo dejo a tu criterio, que al fin y al cabo debería ser el único que te importe) pero quizás merezcan echarles un vistazo.

Quizás tenía razón Gil Scott-Heron cuando cantaba aquello de que la revolución no será televisada, pero desde luego algo está pasando. Quién sabe si la pequeña pantalla no nos ofrecerá, al menos, un poco de catártica revancha.

una escena de LeverageLeverage. Si uno mezcla “El Equipo A” (de la que por cierto se prepara ya versión en cine con el “resacoso” Bradley Cooper en el papel del guaperas Templeton Peck y de Liam Neeson en el de Hannibal Smith) con “Misión Imposible” y añade un ligero toque de “Ocean’s Eleven” (o cualquiera de los números siguientes) obtendrá “Leverage”: una serie basada en el giro que da a su vida un antiguo investigador de seguros, Nate Ford (Timothy Hutton) cuando decide juntar a un equipo de la peor calaña (una timadora, una ladrona, un “hacker” y un mercenario) para pagar con su misma moneda a empresas y personas que se valen de artimañas legales con ánimo de lucro, engañando al ciudadano medio. El resultado es una historia sin grandes pretensiones pero suficiente entretenimiento en la que destacan las relaciones entre los protagonistas. Y dos detalles sin importancia: Beth Riesgraf me resulta deliciosa en su papel de la excéntrica ladrona Parker y Christian Kane podría competir con James Spader por el rostro más inquietante del mundo de la pequeña pantalla.

una imagen de "The Philanthropist"The Philanthropist. Teddy Rist (James Purefoy), un multimillonario playboy, sufre una fuerte experiencia vital en Nigeria al salvar a un niño (trasunto de su propio hijo fallecido). Desde entonces, decide devolver algo de la suerte que ha tenido en su vida ayudando a quien más lo necesita, en cualquier punto del mundo. Este moderno filántropo no duda en enfrentarse a quien sea ni en utilizar cualquier medio necesario (como, por ejemplo, negociar con un traficante de droga) para cumplir con esas particulares misiones humanitarias en las que, en varias ocasiones, pondrá en juego su vida. Confieso que de momento sólo he visto el piloto, pero “The Philanthropist” promete, más todavía contando con actores como Purefoy o Neve Campbell. Como curiosidad, la serie está inspirada en la vida de un filántropo real, Bobby Sager.

una escena de Sons of AnarchySons of Anarchy. Los moteros son una cultura propia en Estados Unidos. A pesar de las películas y libros que tratan sus luces y sus sombras, constituyen unos núcleos tan cerrados a la curiosidad externa que, en realidad, la idea que tenemos de estos grupos suele estar bastante distorsionada, tanto positiva como negativamente. Quizás luchar contra esa idea era uno de los objetivos de Kurt Sutter, creador de la serie y uno de los cerebros detrás de la grandísima “The Shield”, donde también se nos ofrecía el mundillo policial de Los Ángeles con todos sus vicios y virtudes. Y en ese sentido, los “Sons of Anarchy” nos muestran a unos auténticos rebeldes que dictan su propia ley en la pequeña localidad californiana en la que residen. Trafican con armas, sí, pero no dudan en recurrir a la violencia para evitar el tráfico de drogas o castigar una violación. Y, dentro de los rebeldes, el más rebelde: Jax Teller (Charlie Hunnam) una especie de Brad Pitt sucio que quiere volver a los orígenes del club y dejar de lado la violencia y el crimen.  Y, de regalo, Ron Perlman. Muy recomendable.

una escena de MisfitsMisfits. La serie con los créditos de inicio que más me han gustado en 2009 (en parte gracias a la sabia elección del tema “Echoes” de la banda estadounidense The Rapture). Centrada en las experiencias de cinco jóvenes condenados a servicios a la comunidad por diversos delitos y cuya vida cambia cuando una tormenta les da poderes a cuatro de ellos, además de a otras personas en la zona. Si a alguien le viene a la cabeza “Heroes” mejor que se vaya olvidando: esto no tiene nada que ver. Para empezar, aquí lo de menos son los poderes y lo que importa es la evolución de los protagonistas y de las relaciones que entablan entre ellos. Además “Misfits” se arriesga en un terreno peligroso: la fusión entre la comedia más gamberra y la ciencia ficción o, incluso, el terror. Todo ello con un ritmo muy bien administrado, una actuación digna de señalar, una producción británica (y eso ya es decir mucho) y, probablemente, uno de los finales de temporada más irónicos de los que he visto últimamente. Ya lo dice uno de los protagonistas: cuando uno de ellos pregunta “¿Y si se supone que somos superhéroes?”, el cachondo Nathan (Robert Sheehan) responde “Sin ofender pero, ¿en qué clase de jodido mundo se permitiría que ocurriera eso? (…) No, esa clase de cosas sólo pasa en América”.

escena de State of PlayState of Play. Aunque la serie sea de 2003, su adaptación para la gran pantalla (con Russel Crowe como protagonista;  inciso: ¿es bueno mencionar a Crowe dos veces en la misma entrada?) ha vuelto a generar cierto interés por la serie original, disponible en una pésima edición en dvd. La película no está nada mal…, si se deja de ver antes de que acaben los últimos cinco minutos, claro (debería premiarse de algún modo la capacidad de cargarse una buena película con un mal final). La serie original, por otro lado, es sensacional. Compleja, inteligente, arriesgada y con un sentido del ritmo que sólo aportan las series inglesas y las de la HBO. Cada episodio de “State of Play” es prácticamente una película en sí mismo y transmite esa necesidad de no dejar de prestar atención ni por un segundo ya que quizá podríamos perdernos algo. Y qué decir de las actuaciones, con un tremendo Bill Nighy en el papel de Cameron Foster, editor del periódico que investiga una trama criminal con ramificaciones en las altas esferas políticas del Reino Unido. Y en ese zarzal de asesinatos e intrigas que podrían ensuciar los elegantes trajes de quienes dirigen o planean dirigir el país, un equipo de periodistas con más probabilidades de perder algo más que el trabajo deciden adentrarse para traer algo de luz e impartir, al menos desde la tribuna periodística, algo de justicia. De paso, nos ofrece una completa visión de la investigación periodística, de su día a día, de la responsabilidad que exige y de la complejidad que debería conllevar la búsqueda y redacción de noticias. Le lleva a uno a pensar que quizás no sólo las series británicas son diferentes, también lo son los periodistas.

una escena de DexterDexter. Pero si hablamos de impartir justicia de la forma más expeditiva, Dexter Morgan (Michael C. Hall) se lleva la palma. Nuestro asesino en serie favorito lleva ya cuatro temporadas sembrando de cadáveres la costa de Miami (seguro que en Estados Unidos habrá quien no tenga ningún problema con su afición por los cuchillos pero sí por su escaso compromiso con el medio ambiente). Tras una impresionante y difícilmente superable primera temporada, sus guionistas han sabido mantener el tipo en las siguientes temporadas y aunque mi preferida sigue siendo la inicial, he de confesar que el resto de temporadas, centradas en el desarrollo personal del protagonista, me tienen igual de enganchado. Así he disfrutado viendo como un despiadado asesino se enfrentaba a los mismos temores que cualquier hijo de vecino: el compromiso, la paternidad… Y genera una demoledora empatía hacía un asesino en serie cuyas víctimas son asesinos en serie. Con invitados de lujo como Keith Carradine, Jimmy Smits o John Lithgow, una banda sonora excepcional y unos finales de temporada epatantes (todavía digo compulsivamente “no, no, no, no, no” cuando recuerdo el final de la cuarta), este asesino de la tele va a seguir contando con muchos fans a la espera de una nueva y sangrienta entrega. Eso sí: fundamental verla en versión original. Lo siento por el doblador de Michael C. Hall, pero esa voz no es la de Dexter.

Un comentario en “La revancha será televisada

  1. […] La revancha será televisada muchavida.wordpress.com/2010/01/08/la-revancha-sera-televisada/  por muchavida hace 2 segundos […]

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