Treinta años del muro

No, no me he equivocado al contar los años porque no hablo de ese muro del que todos hablan últimamente (yo incluido). Me refiero a uno de los grandes discos de la música moderna: “The Wall” el trabajo publicado por Pink Floyd hace hoy exactamente treinta años.

1979 fue un año fundamental. No sólo en mi vida, aunque por aquel entonces yo no lo sabía y no lo supe hasta muchos años después, sino también en el ámbito musical. Si te apasiona la música moderna y alguna vez posas tus manos sobre una máquina del tiempo, te aconsejo que comiences visitando este año, concretamente en el Reino Unido. Aunque sólo sea por hacerte con una copia original de algunos de los discos publicados en este año, como, por ejemplo, “Unknown Pleasures” de Joy Division, la segunda edición del disco homónimo de The Undertones (que ya incluía el clásico “Teenage Kicks”, sacralizado por el pope musical John Peel), “London Calling” de The Clash o, por supuesto, el disco que hoy celebra su treintena: “The Wall” de Pink Floyd. Ahí es nada.

Sostengo la teoría de que a finales de la década de los setenta debió ocurrir algún alineamiento de astros, o algún misterioso alquimista ejecutó un conjuro en busca de su propia riqueza y, como algo colateral (o quizás porque pronunció mal alguna palabra o cometió un error en las dosis de los productos a utilizar), se desencadenó una efervescencia cultural y musical que, en mi modesta opinión, no se ha vuelto a repetir. No sólo por los discos publicados, sino por las tendencias que surgieron y de las que, a día de hoy, los actuales grandes nombres de la música siguen alimentándose. Hablamos del punk o del “new wave”, sí, pero también del hip hop y de la música electrónica, por poner algunos ejemplos.

Así que, si aceptáis esta personalísima opinión, supongo que uno de los discos más vendidos durante esa época (y después: según Roger Waters siguen produciéndose al año hasta cuatro millones de copias) bien merece que celebremos su trigésimo aniversario.

Pink Floyd - The Wall

“The Wall” es un trabajo conceptual que de entrada puede resultar incluso demasiado obvio. Una ópera rock que narra la vida del exitoso músico Pink (un remedo del propio Waters) que, no obstante, se siente prisionero de sus traumas, enfermedades, adicciones y, cómo no, de su propio éxito. Toda una estructura en la que se incluye la estricta educación británica y que, por tanto, cómo no, se constituyó diez años después como un lógico himno de la caída del muro de Berlín: esa lucha de un hombre contra toda una estructura alienante que le oprime es una cómoda metáfora del totalitarismo comunista. Qué triste ha sido comprobar que, a pesar del brote de esperanza que surgió en 1989, con la caída de ese muro, otros muchos, invisibles pero mucho más difíciles de derribar, se levantaron.

Aunque no es mi disco favorito de los Pink Floyd, “The Wall” es un gran disco, uno de los mejores de la banda, con una fuerte influencia reconocida en grupos como Oasis o Smashing Pumpkins, por sólo citar algunos, y que se ha visto en cierto modo reflejado en trabajos posteriores de artistas tan dispares como Marilyn Manson cuyo “Antichrist Superstar” no deja de ser una versión oscura y psicotrópica de la idea conceptual del disco de los británicos. Más psicotrópica, quiero decir.

Una imagen de la adaptación cinematográfica

Sin duda, más allá de la leyenda y del mito que este doble LP supone, está el impresionante sonido que viaja brillantemente a través de los temas del disco y refleja con nitidez la tortuosa historia de su protagonista. Fue además uno de los primeros trabajos que incorporó los efectos de sonido, muchos de ellos grabados personalmente por los propios músicos y algunos, según los rumores, con curiosos significados, como el efecto de llamada telefónica de “Run Like Hell”, que supuestamente recuerda a una anécdota del propio Waters durante una gira: llamó a su mujer y contestó una voz de hombre. Se dice también que los coros infantiles de la popular “Another Brick In The Wall” surgieron por la proximidad de un colegio al estudio británico en el que se grabó y que se recurrió precisamente al coro de esa escuela para la grabación.

Muchas leyendas, rumores y también hechos que no distraen de lo fundamental: “The Wall” es uno de los grandes discos de la música contemporánea, con algunos temas que, personalmente (y me consta que no soy el único), remueven por dentro. Hablo de composiciones como las ya mencionadas “Another Brick In The Wall” o “Run Like Hell” y de temas tan demoledores como “Is There Anybody Out There?” (¿soy el único que encuentra similitudes entre parte de esta melodía y la característica de James Bond?), “Hey You” y la joya de la corona: el magnífico “Comfortably Numb”.

En 1982 Alan Parker llevó a cabo una adaptación cinematográfica del disco, con Bob Geldof (que antes de convertirse en activista en busca de la beatificación musical lideró un grupo punk) en el papel de Pink. Una película interesante cuyas animaciones son auténticas obras de arte pero que, no obstante, es recomendable abordar con cuidado. Al fin y al cabo, incluso el propio Roger Waters declaró que constituía un auténtico mazazo para los sentidos.

Os dejo con, en mi opinión, el mejor tema del disco en la versión cinematográfica y con una recomendación: aprovechad el trigésimo cumpleaños de “The Wall” y regalaros una escucha completa de todo el disco. No hay mejor forma de celebrar la vigencia de una obra de arte.

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2 comentarios en “Treinta años del muro

  1. Manuel Ruiz

    Como siempre, qué grato es encontrarse con un muy buen texto. Qué gran disco, y qué gran banda (es mi favorita). Creo que muchos de los que hoy nos declaramos “floydómanos”, nos iniciamos precisamente con este disco (o en su defecto, la película), antes de descubrir las demás obras maestras.
    Una aclaración: El Pink de la historia no es sólo una semblanza del propio Waters. También en su historia de alienamiento y drogadicción, hay mucho del fallecido Syd Barrett, el diamante loco al que dedicaron varias piezas de las dos grandes obras maestras: Dark Side Of The Moon, y Wish You Were Here.

  2. Muchas gracias, Manuel. Sin duda es un disco excepcional. Y qué grato aprender nuevos datos, lo de Syd nunca lo había pensado, pero tienes toda la razón… ¡Gracias!
    Me alegra saber que a un “floydómano” como tú le ha gustado.
    Un abrazo!

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