La conjura de los necios

No, no me refiero con el título de esta entrada al panorama político y económico al que nos enfrentamos en la actualidad, aunque visto cómo está el patio, no andaría desencaminado. Por suerte, yo me refiero al título de una de las mejores novelas del siglo XX y uno de mis libros favoritos.

Recuerdo el verano que leí “La conjura de los necios”. Y recuerdo perfectamente una tarde de piscina en la que mientras leía con avidez sus páginas, no podía contener mis risas. Una muchacha me interpeló: “¿Por qué te ríes?” Le expliqué que el libro que estaba leyendo era muy divertido. La cara que me devolvió fue un poema. Si yo le hubiese contestado que la pared que estaba mirando era muy divertida probablemente me habría lanzado la misma mirada de incredulidad y desconfianza. Estoy seguro de que pensó que le estaba tomando el pelo. Por desgracia, cada vez son más las personas que creen que un libro no puede ser divertido o que, desde luego, no puede arrancarte unas risas. De eso sólo son capaces los programas del corazón, la telerrealidad y algún que otro sms de esos que se mandan en cadena.

En un ejercicio de fatídica precognición, John Kennedy Toole, autor de la novela publicada póstumamente tras su suicidio en 1969, entresacó el título de su obra maestra de una cita de Jonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. La conjura en contra del quijotesco Ignatius J. Really resulta tan divertida como dramático resulta su origen autobiográfico.

A nadie se le escapa que esa conjura no es sino la vía de escape de un escritor brillante que a pesar de haber escrito una de las más inteligentes novelas del siglo XX y de intentar durante años que la publicasen, terminó suicidándose. Su madre continuó su tarea y no sólo consiguió ver publicado el trabajo de su hijo. “La conjura de los necios” llegaría a alzarse en 1981 con el prestigioso premio Pulitzer, entre otros reconocimientos, y a convertirse en una novela fundamental del siglo pasado.

No es para menos. En las andanzas de Ignatius por una caótica Nueva Orleans, John Kenndy Toole concentra toda una crítica rabiosa de la decadente sociedad americana y, por extensión, de la sociedad occidental. En ocasiones, y más con la que está cayendo, cuesta no verse reflejado en ese antihéroe, modelo de otros posteriores como el Miralles de “Lo mejor que le puede pasar a un cruasán”, el ibérico Torrente y, por qué no, hasta el propio George W. Bush (quien visto desde la reflexión propia del tiempo pasado, cada vez parece más un personaje de ficción que una persona real). Porque el anithéroe protagonista de la novela de Toole es un perdedor nato, un hombre decidido a alcanzar un éxito que no llega.

Ignatius es un personaje hastiado del mundo que le rodea, preso de su situación económica y social, seguro de su superior valía intelectual sobre sus semejantes y tremendamente divertido. Un ser anacrónico que desde su habitación planea el retorno de los ideales medievales. Un hombre miserable y mezquino que, a pesar de la repulsión inicial, consigue empatizar con el lector, inspirándole gracias a su carácter iluso y hasta inocente una cierta ternura.

Algo que, si lo pensamos bien, no es tan disparatado. Sólo así se explica que personajes (o personas) como George Bush (padre o hijo) se conviertan en presidentes de Estados Unidos.

Soy capaz de tantas cosas y no se dan cuenta. O no quieren darse cuenta. O hacen todo lo posible por no darse cuenta. Necedades. Dicen que la vida se puede recorrer por dos caminos: el bueno y el malo. Yo no creo eso. Yo más bien creo que son tres: el bueno, el malo y el que te dejan recorrer. El bueno lo he intentado andar y no me ha ido bien. (…) Cuando tenía todo acabado y faltaba la confirmación de que había decidido bien, no hubo recompensa. No hubo zanahoria. Ahí me di cuenta de que ya estaba caminando, lejos de mi voluntad, por la otra senda. Esa que no es la buena ni la mala. Porque está claro que la buena es buena porque es una opción propia. La mala es mala porque también es tu opción. Pero la otra no es algo que hayas escogido, por lo cual no pueden decir que es ciertamente buena o ciertamente mala. Es ciertamente ajena, impropia. Por ese camino involuntario caminé, llevado de las narices, arrastrado como un palo sin poder animarme. Tuve que resignarme a ser como ellos me ordenaban, a aceptar sus juicios y sus rechazos. (…) A ser víctima de un sistema que hace de gente como yo infelices zombies o incomprendidos.

La conjura de los necios

Título: La conjura de los necios

Autor: John Kennedy Toole

Publicado por: Anagrama

Año: 1980

Páginas: 368

Soy capaz de tantas cosas y no se dan cuenta. O no quieren darse cuenta. O hacen todo lo posible por no darse cuenta. Necedades. Dicen que la vida se puede recorrer por dos caminos: el bueno y el malo. Yo no creo eso. Yo más bien creo que son tres: el bueno, el malo y el que te dejan recorrer. El bueno lo he intentado andar y no me ha ido bien. Juro que ha sido así. De pequeño hice todo lo que consideré correcto y lo que está bendita New Orleáns, con sus acordes de ébano y sus insoportables chaquetas a rayas me inducía a hacer. Estudié profundamente y traté de trasladar mis conocimientos con pasión. Los estudiantes saben eso. También escribí encerrado en un pequeño mundo cuarto juntando frases, frustrándome ante las huidizas buenas palabras y las no menos resbaladizas imágenes, comparaciones, situaciones, personajes, diálogos. Asumí estar en ese camino porque es ese el modo como se consiguen los sueños. Al menos eso creía hasta un día, cuando tenía todo acabado y faltaba la confirmación de que había decidido bien, no hubo recompensa. No hubo zanahoria, Ahí me di cuenta de que ya estaba caminando, lejos de mi voluntad, por la otra senda. Esa que no es la buena ni la mala. Porque está claro que la buena es buena porque es una opción propia. La mala es mala porque también es tu opción. Pero la otra no es algo que hayas escogido, por lo cual no pueden decir que es ciertamente buena o ciertamente mala. Es ciertamente ajena, impropia. Por ese camino involuntario caminé, llevado de las narices, arrastrado como un palo sin poder animarme. Tuve que resignarme a ser como ellos me ordenaban, a aceptar sus juicios y sus rechazos. A comprobar una vez más que no todos pueden ver más allá de su aliento. A ser víctima de un sistema que hace de gente como yo infelices zombies o incomprendidos. Y hay que tener el espíritu muy bien templado, tal vez como acero damasquino o más, para afrontar semejante fuerza.

5 comentarios en “La conjura de los necios

  1. Es francamente delirante. Quizás lo que más me gusta del personaje es que es completamente incapaz de dejar de auto-torturarse: los pasajes en el cine, por ejemplo, son para morirse de la risa.

    • Yo no sabría con qué quedarme… Es un libro fantástico, probablemente con el que más me he reído e Ignatius es, sencillamente, único.

  2. Manuel Ruiz

    Pues ya me lo apunto en la lista de lecturas para las vacaciones decembrinas. gracias por la recomendación.

  3. Joan lopez

    Este libro es Genial. Me puse a reirme solo en el tren..la gente debio aluzinar ajjajjaj Lo recomiendo a todo el mundo!! Esta loco Ignatus o aqui quien es el loco? jajaj Saludos

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