Rayado

No entiendo de arte, y por ello me resisto al comentario de muestras y exposiciones, pero hay cosas que uno no puede pasar por alto. Hoy finaliza la exposición “Vanguardia y libertad. Man Ray” que ha estado presente en la sala Caja Duero (comúnmente conocida como San Eloy) desde el pasado 2 de julio. Una gran oportunidad para disfrutar del Man Ray fotográfo, al que quizá estamos más acostumbrados, y descubrir al Man Ray pintor y escultor que yo personalmente, salvo casos muy concretos, no conocía.

La sala de San Eloy (me resisto al corporativismo, lo siento por los señores de Caja Duero), es un espacio  que a mí me parece ideal para este tipo de exposiciones. Sobrio, minimalista, quizás pobre en la iluminación pero esto es algo que a mí no me molesta particularmente. En definitiva, cuando uno se dirige a ver una exposición dedicada a uno de los genios del dadaísmo y el surrealismo norteamericano y sabe que tiene lugar allí no puede evitar prever una satisfacción segura.

Pero, ¿qué es lo que me encuentro al llegar? Pues, lo primero, una bofetada del aire acondicionado que le obliga a uno a aligerar el paso so pena de agarrarse un resfriado de aúpa. Vale, no pasa nada, intentemos igualmente disfrutar de la exposición. Pero, ¿qué es ese griterío? Ah, no es nada, unos simpáticos niños que campan a sus anchas por la sala sin que ni sus progenitores ni el personal de la sala diga ni esta boca es mía. Los niños, además, no sólo corren, se tiran por el suelo, juegan a “tú la llevas”, chillan y se chocan contigo, no. También disfrutan toqueteando todo lo que encuentran, sea mobiliario de la sala, sea las propias obras de Man Ray cuyos dueños a buen seguro no saben los riesgos a los que se exponen sus preciados objetos de colección. Qué demonios, a mí también me gustaría tocar algunas fotos o esculturas, pero muy probablemente a mí me habrían llamado la atención. Pero, claro, ellos son niños, angelitos.

Le Violon d'Ingres entre otras fotos

No pasa nada, sigamos adelante, intentemos que estos detalles no nos amarguen la visita. Pero, oh, hete aquí que en los textos, redactados por una comisaria que imagino que habrá cobrado poquísimo por su trabajo y colocados por una compañía que apenas habrá recibido la voluntad por instarlos, faltan palabras. Que, a no ser que mi desconocimiento de la obra de Man Ray me lleve a error, una obra (que yo sepa) recibe un nuevo título a su paso por la exposición (aunque quizás esto sea un intento de hacer la obra de Ray mucho más surrealista). Y que, para colmo de males, la elección de un mal expositor nos ofrezca un “Príapo” con los testículos enfermizamente separados (y aquí no me equivoco, porque justo al lado se encuentra un pisapapeles con la misma obra donde se observa la correcta composición de los huevos, nunca mejor dicho).

En fin, que, así las cosas, uno se plantea si seguir contemplando el resto de la exposición, pegarle cuatro voces a los mocosos o agarrar “Le Violon d’Ingres” y salir de allí con él bajo del brazo. Porque, visto lo visto, igual nadie me dice nada.

Le Violon d’Ingres

2 comentarios en “Rayado

  1. Detesto los lugares cerrados con aire acondicionado fuerte, sean museos, cines o tiendas :S

    Éxitos!

    • por no hablar del gasto que suponen… Hay cosas que uno no se explica.
      Curioso tu blog, por cierto.
      ¡Un saludo y gracias por tu visita!

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