Oro, de Dan Rhodes

Por lo general la minería librera es engañosa. Uno descubre un filón, lo ojea con cuidado, tantea algún leve fragmento y se decide por fin a extraer de esa veta lo que, creemos, se trata sin duda alguna de un material precioso. Vana ilusión, porque la mayoría de las veces, tras una inspección minuciosa descubrimos que, una vez más, no es oro todo lo que reluce.

Pero hay veces, ¡y cómo disfrutamos de esas contadas ocasiones!, en las que nos sorprendemos al encontrar (por azar, pensamos, sin tener en cuenta todo el trabajo de espeleología literaria) toda una joya. Hace algo poco más de un año yo encontré una gran pepita de oro.

Oro es la tercera novela del escritor inglés Dan Rhodes. Cuenta las aventuras de Miyuki Woodward, hija de un japonés y una galesa, durante su rutinario exilio vacacional voluntario en un pequeño pueblo de la costa de Gales. Lejos de la vida urbanita, de su novia Grindl y de su trabajo como decoradora de interiores, Miyuki disfruta de la comida de lata, la lectura constante y las pintas de Brains (¡qué ricas!) y recuerda los momentos más importantes de su vida.

Gracias a estos recuerdos conocemos a un personaje al que resulta casi imposible no adorar y, a través de su día a día, descubrimos a los peculiares habitantes del pueblecito galés, más parecido a un Macondo con pub que a la idea tradicional de las villas británicas. Así descubrimos a los parroquianos Hughes el Alto (obsesionado con los caimanes), Hughes el Bajo y el señor Puw, al ligón local Barry el Séptico y a los Hijos de Relaciones Anteriores o al insistentemente arrepentido dueño del Boat Inn. En definitiva, unos personajes a medio camino entre el costumbrismo de pub inglés y el surrealismo más cómico.

En definitiva, una tragicomedia muy divertida y fácil de leer que sin duda alguna puede ser un complemento ideal a estos días de verano que cada día huelen más a vacaciones.

Un año, la muchacha que llegó para quedarse era la criatura de más extraordinaria belleza que se había visto en el pueblo. Era increíble. Tanta gente, al entrar en el pub y verla por primera vez, exclamaba de forma involuntaria «¡Dios santo!», que la chica asumió que se trataba de un saludo habitual entre los lugareños, y sin pensárselo dos veces empezó a utilizarlo ella también. «¡Dios santo! -exclamaba alegremente al entrar la gente del frío de afuera-. ¿Qué le sirvo?».”

Portada del libroTítulo: Oro

Autor: Dan Rhodes

Publicado por: Alfaguara

Año: 2008

Páginas: 202

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