Michael: el niño que nunca fue niño

En 1982 yo tenía cinco años, una cara angelical y una tremenda adicción a la televisión (que me temo a día de hoy todavía persiste, a pesar de que la televisión ya no es lo que era). No sé exactamente cuándo llegó el videoclip de Thriller a la televisión española (a alguno de los ¡2! canales que había entonces), pero para el caso es lo mismo. Recuerdo perfectamente que vi el videoclip una tarde de sábado, que hacía mal tiempo y que después de verlo comenzaron dos de mis obsesiones: la música (por aquel entonces convertida en una desmedida afición a los videoclips que emitían en programas como “Tocata” y “Rockopop”) y lo que yo llamaba pelis de miedo (¡cómo disfrutaba con aquellos ciclos de la Hammer de La 2!).

Así que, a pesar de que Michael Joseph Jackson me caía (qué difícil me resulta utilizar el tiempo pasado) bastante mal, siempre admiré al artista Michael Jackson, sobre todo a aquel primer Michael Jackson producido por el gran Quincy Jones. Al artista que parió el disco más vendido hasta ahora y que revolucionó la historia de la música al convertir el videoclip en algo tan importante (a veces, incluso, más, sobre todo en estos tiempos de YouTube y similares) como el single, hasta entonces, dueño y señor de las tendencias musicales.

Pero es que a Michael, la persona, costaba quererle. Que se lo pregunten al propio Quincy Jones, a quien Jacko intentó arrebatar los premios Grammy que merecía por su participación en Thriller. O a Paul McCartney, de quien aprendió todos los vericuetos relativos a los derechos editoriales…, para luego adquirir gran parte del catálogo de los Beatles a sus espaldas. No dudó en soltar el lastre musical que era su familia al cumplir la mayoría de edad (claro que la familia también…, se las traía). Por no hablar de las acusaciones de pederastia. Y sí, toda la excentricidad y extravagancia cada vez más exagerada no se puede decir que ayudase.

Michael JacksonEn su defensa, claro, está el hecho de que el Rey del Pop no dejó nunca de ser un niño al que robaron su infancia arrastrándolo de concierto en concierto, exprimiendo su talento y exigiéndole lo mismo que se le exigiría a un adulto. Y, al llegar a su supuesta vida adulta, se convirtió en el niño que siempre quiso ser, quiso recuperar esa infancia perdida en los garitos de mala muerte a los que su padre arrastraba a los cinco hermanos Jackson; se convirtió, en definitiva, en un Peter Pan, sí, pero con un cheque en blanco.

Al igual que los treintañeros buscamos ahora aquellos objetos de deseo ansiados en nuestra infancia, ya sea un tebeo, deteminado objeto friki o el barco pirata de Playmobil, Michael Jackson hizo lo mismo, sólo que multiplicado por mil y, en principio, sin límite económico. ¿Quién no soñó alguna vez con tener un parque de atracciones en casa o que tu compañero de aventuras fuese un chimpancé? Éramos niños y ésas eran las cosas con las que sueñan los niños.

Pero Michael continuó ansiándolo durante mucho tiempo sin descubrir lo que la mayoría de nosotros descubrimos con el paso de los años: que un tebeo de los Cuatro Fantásticos, el CineExín o el barco pirata de Playmobil, al final, no resultan ser más que objetos sin ningún valor y que aquello que los hacía especiales era nuestro recuerdo. Que, en definitiva, satisfacía más ansiarlos de pequeños que tenerlos de adultos. Y nunca fue capaz de sostener alguno de esos objetos en las manos, recordar cómo desesperadamente lo queríamos entonces, sonreír recordando aquellos tiempos y guardarlo en algún cajón, o alguna estantería donde pueda acumular el polvo. Porque nosotros sí tuvimos una infancia, quizás sin un parque de atracciones, sin un chimpancé o sin un barco pirata de Playmobil pero por fin nos dimos cuenta de que lo más importante no era lo que no teníamos, sino lo que sí tuvimos: la libertad de ser un niño.

Michael JacksonMichael nunca la tuvo. Creyó tenerla, pero ya era tarde. Y estoy seguro de que la verdadera causa de su muerte, más allá de lo que digan los médicos, no fue más que esa: al final, descubrió que después de tenerlo todo, jamás podría tener lo que siempre quiso: una infancia.

4 comentarios en “Michael: el niño que nunca fue niño

  1. Ufff…me he emocionado. Por mucho que no estuviese de acuerdo con su forma de vida y sus excentricidades, también me pasa que sentía compasión y pena por ese vacío de infancia… Nos quedaremos siempre con el legado musical y audiovisual.
    Un abrazo

  2. Yo no pude evitar conmoverme cuando escuché en la radio que Michael Jackson había muerto. Thriller marcó un antes y un después, y aún hoy es un gran videoclip. Y tantos otros que protagonizó después.

    Por cierto ¡que buenas las pelis de la Hammer! jejeje (entre ellas, mis favoritas: El péndulo de la muerte, La máscara de la muerte roja, y La caída de la Casa Usher…aunque había tantas estupendas).

    Bss

    • Es que fue el primero en convertir el videoclip en pequeñas películas, Thriller podría pasar perfectamente por un cortometraje musical…
      Y sí, esos clásicos de la Hammer eran una maravilla: todas esas adaptaciones de Poe, las sagas… ¡Qué tiempos aquellos!
      Gracias por participar y un beso.

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