El año pasado fue un año jugoso en lo que a series se refiere. Por eso, he intentado hacer una selección que, espero, sirva para los que no sabéis qué ver en la tele y para algún que otro avispado ejecutivo de los canales nacionales porque no, “Águila Roja” no mola. Aquí van unos ejemplos de lo que la mayoría considera buenas series.
La que llegó
Uno de los grandes éxitos de la temporada, que aquí ya hemos podido disfrutar en La Sexta, y uno de los argumentos de peso (el otro está al final) para creer en una cadena como la AMC, que con sus series está a punto de convertirse en seria aspirante al título para la campeona HBO. La adaptación del cómic de Robert Kirkman y Tony Moore convence porque en el apocalipsis zombi que nos presenta lo de menos, precisamente, son los zombis. Lo importante es la desazón que transmite al ponernos en la difícil situación que plantea la serie: ¿qué harías tú si el mundo tal y como lo conoces se viniese abajo? Y entre medias, una serie de personajes nos muestran sus difíciles y débiles relaciones mientras la raza humana, literalmente, se consume a sí misma.
Las que se fueron
Que si no respondió a todas las preguntas, que si sí que lo hizo, que si al final todos estaban… ¡Ups! Casi se me escapa un espoiler… Venga ya. Porque se pueden decir muchas cosas sobre “Perdidos” pero si algo es seguro es que ha cambiado nuestro modo de ver televisión. Desde seguir una serie al ritmo americano a la tertulia semanal en el trabajo sobre el último episodio (terreno vedado, hasta ahora, a los partidos de fútbol) pasando por el hecho de haberse convertido, que yo sepa, en la primera serie en tener una emisión global en directo. Vamos que, a día de hoy, quien no sepa cómo acabo “Lost” es, sencillamente, porque le importa un pimiento. Lógicamente, los que sólo disfruten del viaje el llegar al destino se habrán sentido sin duda decepcionados. Los que disfrutamos del trayecto estamos satisfechos, porque la serie demostró ser lo que esperábamos de ella, no una serie sobre los supervivientes de un accidente de avión, sino la historia de unos personajes que se sentían perdidos mucho antes de abordar el vuelo 815 de Oceanic. Y cómo, perdidos en una misteriosa isla, lograron encontrarse.
El pasado viernes y por sorpresa (confieso que no me había enterado) llegó a su fin la historia de Allison DuBois: una madre de familia aspirante a abogada cuyos poderes como médium la llevan a solucionar crímenes en Phoenix, ayudando a la Oficina del Fiscal del Distrito. Pero esto, claro, es lo de menos, porque lo interesante es cómo afecta todo esto a la familia Dubois, particularmente al sufrido marido de Allison, Joe (Jake Weber) que tiene que sufrir no sólo constantes alteraciones del sueño, sino las consecuencias de que su mujer sufra una posesión por parte de un espíritu, pérdida de audición, embriaguez sin probar una gota de alcohol, ataques de asesinos… Y la lista es increíblemente extensa (siete temporadas, nada menos). Quienes me conocen saben de mi devoción por este personaje, un padrazo y ‘maridazo’. Pero, además, perdemos una originalidad reseñable. Y es que lo mejor de “Medium” es que, con la excusa de los sueños y del carácter sobrenatural de la serie, daba pie a singulares escenas. Como anécdota, no ha sido hasta ahora que me he enterado de que sus protagonistas están basados en personajes reales. Qué cosas.
Las que siguen
En cuanto vi su primer episodio, algo me dijo que esta serie tendría miga. Y, de momento, no me he equivocado. Con su segunda temporada, se ha consolidado como una de las mejores comedias de situación de la parrilla estadounidense actual, quizás sólo superada por “The Big Bang Theory” cuyos últimos episodios hace que merezca una entrada sólo para ella (veremos si luego lo cumplo). “Community” ha demostrado que todavía hay gente con imaginación (y a raudales) en las “sitcom” y que es posible hacer metatelevisión con una serie que no transcurre en unos estudios televisivos. Es más, gran parte del humor de esta serie proviene, precisamente, de la mofa continua que hacen de los arquetipos de la tv. P.D.: “spin off” para Troy & Abed ya.
Esta serie sobre un club de moteros californianos me ha hecho darme cuenta de cuánto de Kurt Sutter había en mi admirada “The Shield”, más de lo que habría imaginado. Las intrigas, los personajes turbios, los buenos que son más malos que los malos y los malos que son más buenos que los buenos, la violencia cruda, sin embellecimientos ni sutilezas… Todo eso está aquí, acompañado de unos personajes que forman, más que un club, una auténtica familia: con envidias, traiciones, peleas, riñas estúpidas y desacuerdos; pero también con amor, lealtad, confianza y la seguridad de que siempre podrás contar con un hermano. Y con una madraza, claro, una Katey Sagal merecedora de un Globo de Oro por su papelón como “old lady” del presidente de esta banda de forajidos y, por extensión, madre de toda esa pandilla de inadaptados.
Nuestro psicópata favorito sigue superándose a sí mismo. En una cadencia que ya va convirtiéndose en marca de la casa, su última temporada acusó una lentitud inicial que a partir de la mitad se tornó en un ritmo endiabladamente frenético. Siempre al límite, siempre obligándonos a terminar cada episodio con un “a ver cómo sales de ésta, Dexter” y, desde la temporada pasada, con dos nuevas sensaciones: la absoluta tristeza que cada vez más desprende este curioso personaje y la vulnerabilidad que poco a poco se hace más evidente. Y eso hace de Dexter un “animal” cada vez más interesante. Por otra parte, resulta agradable que una serie que, hasta cierto punto, conserva un cierto paralelismo narrativo de temporada en temporada, ofrezca a pesar de ello una evolución de sus personajes plausible y adictiva. Al fin y al cabo, durante 13 semanas “Dexter” consigue que cada noche de emisión todos sus fans podamos decir aquello de “esta noche es la noche”.
La que llegó y se fue
Creo firmemente que, algún día, se reparará la injusticia cometida con esta serie, cancelada por su escaso éxito de audiencia. Un exdetective de San Diego se alía con un exladrón para montar una especie de agencia de detectives pirata y, a cambio de cualquier tipo de pago (desde un perro a lavandería gratis por un año) intentan poco a poco salir adelante, dejando atrás los errores del pasado (el alcoholismo que acabó con su carrera y su matrimonio, en el caso de Hank Dolworth y la carrera criminal de Britt Pollack). Y, sin quererlo, ambos (brillantes Donal Logue y Michael-Raymond James) se ven envueltos en una conspiración criminal al más puro estilo de la novela negra. De fondo, la amistad, la familia, la fidelidad, la honradez…, temas universales que dotan a todos los personajes de esta magnífica serie de una profundidad envidiable. Para colmo, nos regala una de las mejores historias del año en el tercer episodio, cuando observamos lo que Dolworth está dispuesto a hacer para conseguir una hipoteca. Como la vida misma, vamos. Su final inesperado, a pesar de triste, nos deja con una de esas escenas que permanecen en la retina durante varios días. Muy recomendable.
Las de acento británico
“Héroes” se fue porque su parte folletinesca colapsó su argumento. Una lástima, porque prometía. Pero no pasa nada, nuestra ración de superhéroes seguirá sirviéndose gracias a… No, en serio, no puedo. ¿Cómo voy a hablar de esta panda de descerebrados gamberros como si fuesen héroes? La grandeza de “Misfits” está precisamente ahí, en lo inadaptados que son sus protagonistas, sobre todo el cada vez más desternillante Nathan, quien quizás pronuncia la broma que mejor define todo el espíritu gamberro de la serie); durante un robo que se ven obligados a cometer, el personaje que interpreta Robert Sheehan exclama: “Una pandilla de jóvenes delincuentes adquiere superpoderes, ¿y a ninguno se nos ocurre usarlos para cometer un crimen? ¡Debería darnos vergüenza!”. Muy pronto, la podremos disfrutar desde el principio en MTV.
Uno de los actores de “The Wire”, Idris Elba, es el alma de esta serie que, en el formato habitual británico de seis episodios, nos ofreció la BBC a medidados de 2010. Luther es un policía, uno de los mejores, pero tiene una vida personal muy conflictiva y unos demonios interiores que no tardan en emerger. Por hacer una analogía, imaginaos a un House, pero en violento y con un arma. Y dentro de una serie de intriga. A la larga, su disfuncionalidad, y una particular némesis con la que se lleva mejor que con la mayoría de sus compañeros, es lo que hace más interesante a este policía del que aguardamos su regreso a lo largo de este año. La BBC ya lo ha confirmado.
Otra serie (miniserie, en realidad) de la BBC y de la que también se ha confirmado ya que habrá una segunda temporada. La actualización del clásico detective superó la prueba de convencer tanto a la juventud más conectada (nunca mejor dicho) con los criminólogos de CSI como a los fans del personaje de Sir Arthur Conan Doyle. Así, descubrimos a un Sherlock irritante, adicto a los parches de nicotina, bloguero y al que varios personajes de la serie suponen una evidente homosexualidad por su relación con Watson (¿dos hombres viviendo en el mismo piso?; aquí pasa algo raro…). Éste, a su vez, encarnado por un cada vez más interesante Martin Freeman, se pone en la piel de un veterano de Afganistán. Juntos, resuelven los más variopintos crímenes y se enfrentan al que seguramente será el eje de la segunda temporada: un tal… Moriaty.
La que esperamos ansiosamente
A este paso, “Breaking Bad” tiene todas las papeletas para convertirse en una de las mejores series de la televisión, pasando al Olimpo de la tele junto a “Los Soprano” y un puñado de ellas más. La joya de la corona de la cada vez más brillante AMC cuenta con varios ases en su manga: unos personajes sensacionales, unos actores de lujo (muy especialmente Bryan Cranston), unos secundarios a la medida, un humor negro sencillamente delicioso y un hilo argumental que cada vez nos atrapa más y más. ¿Hasta dónde llegará “Breaking Bad”? Difícil decirlo. De momento, ya asalta los suplementos ¿culturales? (sí, sí, la tele sale en esas páginas que hablan de libros) y sirve de argumento para los que, cada vez más alto y con más y mejores argumentos, decimos que la televisión comercial puede ser arte. Y no, no hablo de “Águila Roja”, claro.











Me apunto la de “Breaking bad”. Dexter que no acabe nunca, ¡necesitamos justicia como la este asesino en serie!. Y yo también echaré de menos a Joe Dubois… menuda paciencia y santo varón. Tampoco sabía que estaba basada en personajes reales. ¡Hay un Joe de verdad por ahí! ; )
El final de Médium fue bastante chulo (pero no lo cuento), dedicado a Joe, claro, que para eso es el protagonista en la sombra de la serie. El auténtico Joe Dubois hasta tiene un blog, pero yo prefiero quedarme con la imagen de la serie. Qué gran tipo, J. ;D